Entorno.Libros

Crónica. Marielena Ludeña Parjan

Crónica escrita en el Taller de escritura: Clarice Lispector (abril-mayo 2026) para las actividades online de la cuenta Entorno Libros @entorno.libros dictado por María Fernanda Rincón. Debido a la naturaleza experimental de las crónicas de la escritora brasileña Clarice Lispector publicadas en el Jornal Do Brasil (1967-1973), compiladas en el volumen II, Descubrimientos (Adriana Hidalgo editora, 2010), los participantes pudieron explorar la mezcla de géneros que se perciben en sus textos: crónica histórica o tradicional, aforismo, diario, entrevista, cuento y novela corta

Leer más: Crónica. Samuel Bencomo

Reflejos en la memoria

Marielena Ludeña Parjan

Que esta vida es pa’ gozarla
No me esperes
O me esperas si te da la gana.
Hany Kauan. “Me da la gana”

2026

16 de abril

La nota de WhatsApp

Hoy por primera vez desde que Elena se fue, sentí la necesidad de mandarle una nota de voz. Ocho años desde que mi hermano me llamó para decirme que se había ido. Pocas veces he soñado con ella, tres si acaso.

Pero hoy, la jugarreta de la mente. Me tomé una Coca-Cola en la panadería y mientras esperaba que amainara la lluvia, no solo pensé, sino que agarré mi teléfono y quise mandarle una nota de voz. Acusé el golpe de la realidad. No puedo llamarla. Tan cerca en mi corazón y tan lejos de asir.

La lluvia lavó mis lágrimas. Lloré como hacía años que no lloraba. Ahora entiendo los “Heraldos negros” de César Vallejo:

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

18 de abril

Sueños

Anoche soñé que en mi sueño soñaba. Viajé a galaxias lejanas, a mundos inimaginados de texturas insospechadas, no sé qué pasaba por mi cabeza, tal vez muchas ideas o ninguna, pero todas desbocadas. Entrar en la nada del mundo de los sueños, despertar sudada… qué incómodo es despertar así, que no sabes nada. No sabes dónde es arriba, dónde es abajo, no sabes si la realidad era lo que soñabas y despertaste a la nada.

Después de todo, me reconforta pensar que en alguna dimensión estoy despierta recordando el sueño, o esta vida. No sé. Y me encuentro con la sabiduría de Calderón de la Barca, y dejo de preocuparme por dónde estoy, después de todo, “La vida es un sueño / y los sueños, sueños son”.

19 de abril

Teorías

Ayer oí en TikTok a una mujer hablando. Una de esas mujeres que, entre risas burlonas le hubiera dicho a Elena, una faculta. La cosa es, que, esta mujer decía que se hicieron estudios científicos -no dijo de qué universidad- en los que se tomó una muestra de ADN a un grupo de personas, y se introdujo en un programa de computadoras para rastrearlo, y que una vez que uno de esos voluntarios murió, perdieron el contacto de la muestra por alrededor de unos 40 minutos a una hora y luego reapareció en el radar indicando que estaba en una galaxia lejana. No sabía si reír o llorar. Elegí creer, que somos polvo de estrellas y que en esa galaxia lejana está mi mamá. Tal vez entonces es cierto ese dicho popular que usan en los campos cuando alguien muy querido muere de: “ahora son una estrellita en el cielo”.

20 de abril

Muchas vidas en una sola persona

Yo soy una y tantas a la vez. Hoy tuve recuerdos de mis vidas pasadas. De esas miles de vidas, que vivimos desde la más tierna infancia. Recordé fragmentos de un poema que escribí a los 5 años. Tenía que ver con la luna. Con esa fascinación que todavía hoy siento por la luna. Solo queda un fragmento en mi memoria.

Hace tanto tiempo de eso, y me quedo pasmada cómo en esa vida, en la que viví cuando tenía 5 años sabía escribir poemas, en esta vida que tengo hoy, no sé hacerlo. Se bloqueó esa capacidad. Siento que, aunque mi vida dependiera de eso, tal vez saldría algo como: “las rosas son rojas, las violetas azules…” Miro hacia atrás y veo esa niña con dulzura. La misma niña que vio la cara de preocupación de su abuela porque escribía poemas, porque esa cosa de estar escribiendo poemas no es de niñas. Mejor hubiera sido que
dibujara, pero en esa vida no se me daba el dibujo ni las manualidades. ¿Qué cara pondría
esa niña si supiera que, en esta vida, sí me gusta dibujar y hacer manualidades? Tantas vidas,
tantos cambios, tantas oportunidades, me pregunto si seré más sabia.

21 de abril

El día que me convertí en Sancho Panza

No puedo creer aún que por seguir a T.R. llegué a casa de Julio, quien nos recibió con un vaso de güisqui en la mano y preocupado por la guerra. “¿Cuál guerra? O, mejor dicho, ¿Cuál de tantas?” pregunté. “¿Cómo que cuál?” respondió Julio, “la del Peloponeso, obviamente”. T.R se rio entre dientes, se sirvió un trago y me dio uno a mí, lo recibí, sabía que lo necesitaría para aguantar la arenga sobre la guerra del Peloponeso, lo mejor fue que entré en personaje, me indigné, lloré y batallé, en suma, acompañé a Julio cual fiel Sancho en esa guerra, de tal emoción en la batalla, apenas tomé un sorbo de mi trago, el hielo se deshizo, me hice la loca y lo boté en el lavaplatos, cuando regresé, Julio lloraba porque perdimos el Peloponeso. T.R y yo nos fuimos. Volví a mi vida normal. Fue raro ver el siglo XXI después de haber estado tan lejos.

22 de abril

Palabras más, palabras menos

Es tarde y voy regresando a mi casa, por la misma panadería de la esquina de siempre, por esa panadería donde la realidad se movió en mi memoria y por un instante soñé que mi mamá estaba al alcance de mi nota de WhatsApp. Vi una furgoneta roja. Podría decir camioneta roja, pero me gusta la palabra furgoneta, me gusta mucho, así como detesto la palabra sobaco. Me pasé unos deliciosos 20 minutos elucubrando teorías que apoyaran el uso de la palabra furgoneta y abolieran la palabra sobaco. No lo lograré, pero no importa.
Fue divertido.

23 de abril

Un pasillo

Hoy me di cuenta, en el bautizo del libro de un amigo, que conseguí mi voz. Aquella que había perdido, la que se empezó a poner pequeña en aquel cruce de miradas entre mi madre y mi abuela con el poema a los 5 años, la voz que se fue diluyendo en la cacofonía de noes que intentaron moldearme. Así como si yo fuera Ana Isabel, una niña decente, en la novela de Antonia Palacios, esos tantos y múltiples no que me acompañaron por tantos años de mi vida, que me hicieron pequeña y silenciosa. Pero hoy me di cuenta que el Pasillo me dio voz, que ya no me hago pequeña, ya las palabras salen de mi boca y resuenan por ahí.

He vuelto.


Recopilación de La Ñonga.
Entorno Libros.
2026
© de los textos A sus respectivos autores.
© de la edición A Entorno Libros.

Todos los textos publicados en esta RECOPILACIÓN PERTENECEN A sus respectivos autores.

Queda prohibida la reproducción y publicación total o parcial sin la autorización de los autores publicados.

Respuesta

  1. […] Leer más: Crónica. Marielena Ludeña Parjan […]

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *