Crónica escrita en el Taller de escritura: Clarice Lispector (abril-mayo 2026) para las actividades online de la cuenta Entorno Libros @entorno.libros dictado por María Fernanda Rincón. Debido a la naturaleza experimental de las crónicas de la escritora brasileña Clarice Lispector publicadas en el Jornal Do Brasil (1967-1973), compiladas en el volumen II, Descubrimientos (Adriana Hidalgo editora, 2010), los participantes pudieron explorar la mezcla de géneros que se perciben en sus textos: crónica histórica o tradicional, aforismo, diario, entrevista, cuento y novela corta.
Leer más: Crónica. Marielena Ludeña Parjan
Espacio sin tiempo
Eylein Rodríguez
2026
4 de abril
Fronteras
Es un hecho, desde las limitaciones de lo puramente físico y comprobable, que los confines del universo no están a nuestro alcance. Pero hoy, he de afirmar con toda certeza, que toqué las estrellas.
Para alcanzar la mirada sobre los cuerpos celestes, sólo basta el silencio. Me refiero al mutismo que se asoma por el borde del cuerpo, que se contiene y no se desborda para morir en la punta de la lengua. Aunque el entorno esté encendido y las palabras, así como las carcajadas, quemen. Escucha.
Hoy viajé a un rincón lejano del universo. En medio de mi reflexión, consciente del espacio que ocupaba mi cuerpo, el que convivía con miradas alegres, ojos atentos y tiernos abrazos; allí, en medio de lo cotidiano y lo perdurable, mi voz hizo eco en un hilillo brillante rumbo a la Luna, Mercurio, Júpiter y se disparó hacia lo más hondo… El Cosmos no solamente está en la inmensidad del afuera, también se halla en la profundidad del adentro.
En ese lugar estaba yo, y mi cuerpo sentado en una silla, pintando el infinito tan visitado sobre quien me confía sus manos y sostiene mi día a día. Escuchando el sonido de la chispa que da vida, mientras las rocas chocan con el carcajear de mis amigos. Y yo, en silencio, admirando mi propio universo. El que sólo existe para mí, y el que sólo yo puedo visitar.
8 de abril
Necesidades expresivas
La palabra «hondo», teóricamente, se refiere a la parte inferior o más alejada de la superficie. Se usa, según la RAE, para describir intensidad, lejanía o baja altura.
No hay necesidad donde creemos que hay cercanía. Necesidad es deseo, urgencia, apuro; un impulso —en mayor o menor medida, incontrolable— de poseer, hacer o decir algo.
¿Qué son las “necesidades expresivas”? Es como apartarse a profundos mares y dar rienda suelta a la pesca más mortal, no por su brutalidad, sino por lo primitiva en esencia y anterior al estado lógico del hombre. Diría Lezama Lima «el estado prelógico». Eso que no se entiende, pero se siente.
Negar no es lo mismo que desconocer, pues, desconocemos muchas cosas, pero negamos todo lo que no podemos controlar, aunque bien sepamos de qué se trata. ¿Qué decir cuando desconozco lo que deseo expresar? ¿O sólo me estoy negando a…?
¿A qué?
¿Cómo puedo manifestar ese sentimiento, pensamiento, ardor, con un instrumento tan maravilloso e insuficiente como lo es la palabra?
Si pudiera abrirme el pecho y ver con estos ojos m-i n-e-c-e-s-i-d-a-d. ¡Qué hondo! El vacío y el infinito dialogando. Seres anteriores a mí y a todos. Indefinibles e inexplicables.
Si algo no temo decir es que:
La necesidad de expresar nunca morirá.
Yo sí lo haré.
13 de abril
El cazador
El corazón, cuando no consigue un igual en deseo y entrega, se convierte en un cazador. Monta trampas y va estrujando a seres que sienten con menor intensidad, a ver si así satisfacen su ansiedad. “¡Sólo uno. Que alguien me ame, como yo amo; que alguien me escuche, como yo escucho. Alguien, alguien. Sólo uno, por favor… sólo uno que me diga…”. Pero, ¡oh! ¡Cuidado, cazador! Si aprietas muy fuerte, justo como en el principio, no quedará nada más que tú. Y tu soledad.
Corazón, deja de cazar.
15 de abril
Los anhelos de la memoria
Ante lo desconocido me quedo en silencio. No hablo. No escribo. Observo y me lleno de aquella cosa y acontecimiento: la irrupción en mi realidad. Este es un momento único, me repito. ¡Qué terror! ¡No puedo! Pero… no se vive dos veces el mismo momento. Únicamente podré volver aquí si cierro mis ojos. Y lo sé. Me sentiré muriendo en manos de la nostalgia y la fantasía. Sin embargo, dura segundos el descubrimiento. Y no puedo sostenerlo.
Se va el tiempo.
¡Humanos! ¡Amigos! ¿Cuándo volveremos a impresionarnos? ¿Ya todo estará dicho? ¿Ya
todo estará hecho?
Si es que ya todo hemos visto, es que sólo falta vernos.
Pero, no.
No podemos sostenerlo.
18 de abril
ESPEJO
Entiendo que, pasado el tiempo, nos distanciamos del caos. Una vez pasa el momento, te abordan sentimientos de vergüenza y culpa por recordar haber hecho mucho y, ya pasado por la revisión del sobre pensamiento, “qué pena, fue insuficiente”. Sin embargo, no nos apartemos de nuestra humanidad, incluso si se trata de dar un paso, allí hay un esfuerzo silencioso, desconocido y cotidiano.
Para dar sólo un paso, cientos de músculos deben coordinarse, el cuerpo se comunica y un milagro ocurre en el tejido universal por el orden de las cosas. Es un esfuerzo. Si eso significa dar un paso, piensa en lo que se mueve cuando crees que haces nimiedades. Ah, pero en ti ninguna célula descansa, ningún pensamiento se derrama, aprietas los labios, friccionas los dientes, estrechas la mirada, te concentras, te contienes, se dispara la adrenalina, el corazón se te acelera, qué insuficiente…
¿Y aun así te culpas?
Ya causaste una revolución y llevaste tu cuerpo a sus límites atómicos. Pero, sabes que puedes y debes hacer más. Porque siempre se puede hacer más de lo que se pide y dar más de lo que se tiene.
No hay motor más grande que la intención del hacer, y no hay castigo más grande que la
culpa por ser.
Me miro al espejo y me digo:
“Detente”.
Recopilación de La Ñonga.
Entorno Libros.
2026
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