La Ñonga: 1.ª edición, segundo lugar

Segundo lugar de La Ñonga: 1.ª Edición, Confesión del caballero indigno: letras inconformes de D. A. Betancourt, bajo el seudónimo «Refresco».

Segundo lugar

D. A. Betancourt, bajo el seudónimo «Refresco»

Confesión del caballero indigno: letras inconformes

Tierra mía que me vio nacer, dueña de mi sangre a quien regalo mi verso y prosa, si es que pudiera llamar a estas mediocres letras de esa manera enaltecida para que me sigan
llamando un presumido arrogante sin alma, pues vendido está mi espíritu al diabólico arte de amar con demasiada fuerza y pasión excesiva. No quiero dibujar palabras a medias sobre la página, quiero encontrar la manera precisa en la que el ritmo interior se mueve y se mezcla con el universo como lo hicieran mis ancestros cada cual a su manera. Tomo el lienzo, rayo fuerte con un lápiz de grafito, se rompe todo a mi paso porque soy un reconstructor de mundos, vueltas daban en mi cabeza, giros y absurdos pasos tambaleantes hacia direcciones no nombradas y paisajes perdidos en el tiempo aquellas imágenes difusas de experiencias no vividas.

Tierra mía, tú que me sabes débil, a ti doy mi aliento maldito que se cubre de ironía, con mi sangre quiero llenar tus calles porque ya no soporto correr el maratón que exige mi propio trote, trote nombrado y reconocido de la debilidad humana. “¡Rápido, respira! No seas necio caballero perdido”, vivo al día, pero un día es poco para escribir tanta miseria en un papel. “¿De quién huyes?, ¡detente cobarde!”, vivo al día, pero un día es poco para describir lo hermoso que es estar con vida. ¡Maldito, ser infame, deja de perseguirme! Soy yo quien persigue su sombra y tu quien persigues mis pasos.

Tierra mía, ciudad de jardines, tú que me sabes impotente, te cuento como me llama la muerte desde el abismo, te cuento como me clama la vida del héroe hechizado. ¿No soy yo claramente una ilusión frente al espejo?, ¿no es esa sombra el verdadero reflejo?, dime ahora, y no calles la verdad que nos cobija, deja que me arrastren mis demonios hasta el fondo del vacío, ¿no es ahí donde el hombre puede hallarse a sí mismo? Desnudo vine al mundo, entre sangre, dolor y llanto, ¿no es normal que de esa misma manera viva y de esa misma forma muera? No me siento digno de ti, que eres tan brillante, yo soy tu hijo, pero soy opaco, un color que nadie ama, un sueño que se hace pesadilla. Sí, me transformo, cual reforma de daño, guerra y odio, habita en mí aún el amor del aire, la pasión fugitiva y el deseo… ¡ay, mi deseo! Si tan solo no te escaparas como un débil suspiro.

¿Escribir? Desgraciado instante indefinible de dolor agonizante, tu peso es la carga de mis pecados, me persiguen cual fugitivo, ¿daño alguno hizo mi intento de arte? Sí, por impreciso me arrastra entre el tumulto, condenándome a sentirme diferente al resto y ser confundido con un espécimen de estudio, cuando solo soy un imbécil gobernado por su pluma. Miedo tengo a que en mi afán de encontrar la rítmica de mi alma me quede sin combinaciones posibles. Sospecho que nada de gracia hay en lo que mi mente fabrica dentro de las murallas del pensamiento bélico que se pierde. Otro miedo surge entre mis temblores, cual terremoto que arrasa mi corazón, no quiero que lo que describo sea rebuscado y torpe, ni menos presuntuoso que un simple abrazo melancólico. Me toma por sorpresa como me preocupa ser odiado, pero me satisface ser temido y tomado por grande. “¡No dejes que el ego te controle!, ¿has olvidado de dónde naciste?”, no, soy tuyo Aragua y de tus jardines, fui formado con la arena de tus costas, con la sal de tu mar dieron mi suerte, con tu melodía crearon mi corazón y con tu fría montaña moldearon mi mente. Soy en ti todo, mi mirada es tu cielo, si llego a olvidarme de ti, espero quemarme en el infierno.

Ahora lo pienso y se supone, según por ahí he escuchado, que han escrito cosas chistosas, diferentes a lo que yo puedo. Si describo la alegría es como cavar mi tumba, pues forzaría a mis dedos a moverse en tonalidades mayores y mis acordes son triadas menores que corren como un pajarillo. Deja fluir el bajo, bajo la mirada fija de la multitud, lo que vivo se siente como una nota desafinada, una canción que se permite no permitirse perfecciones. Mundo claro que precisa mi visión, distorsionada para ser de ese blanco porque sin ella sería tiniebla y burla de su propio intento de vida. Dios tú creaste al mundo en siete días, o eso suelen decir, si fuiste tú quien al mundo creaste, podrías también llevarme de él si de verdad te lo pidiera. No he estado en mi momento más lúcido, me he sumergido en el mar incognoscible de agonía y desdicha. Miseria es palabra vaga, vacío más precisa para describir la terrible corriente que recorre mi sangre manchada, manchada con tres colores, manchada con brillosos y pequeños trozos de otros.

Límites por mí proponen, pienso traspasarlos todos. Sí soy tú, tierra amada mía, luz le darás a mis ojos, solo contigo cuento, pues eres quien mejor me define, no hay nada que esté fuera de tu alcance, ni algo que pueda escaparse de tu aroma a tierra mojada. “¿Dices, entonces, caballero oxidado, aunque joven, tu propósito como el aire que se desplaza entre mis confines?, ¿digno eres, hijo mío, del nombre que aquí propones?”, ¿cuál nombre es ese que dices que reclamo?, “¿te presumes llamar artista de tu tierra?”, quisiera poder tener una respuesta positiva, pero temo ser indigno de este nombre, así que solo diré que soy de mi tierra y mi voz es su presencia donde vaya. Aspiro, de esta manera, ganar un poco de tu confianza y que se me permita continuar en mi tarea, siguiendo mi trote tras mi propia sombra, librándome del desconocido apego que me lleva sin respirar, persiguiendo el rítmico latido entre mis anhelos perdidos, como quien no tiene nombre, pero tiene identidad.

Puedes leer el primer lugar de esta edición aquí.

Puedes leer el tercer lugar de esta edición aquí.

Recopilación de La Ñonga.
La Ñonga: 1.ª Edición.
2025
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